Robin Ian MacDonald Dunbar es un destacado antropólogo británico, matriculado en la teoría evolucionista y especializado en el estudio del comportamiento de primates.
Su nombre, más exactamente su apellido, pasó a la historia cuando planteó la siguiente tesis: la cantidad de personas con la que un ser humano puede llegar a mantener una relación estable, léase amigos, está limitada por el tamaño del cerebro. Esta hipotética cifra, conocida como el “número de Dunbar”, es aproximadamente de 150.
Para Facebook usted puede tener más de 150 amigos. De hecho, se ha instaurado un mito-verdad colectivo en esta red social que implica que mientras mayor sea el número de amigos que el perfil exhiba, más popular y exitosa es la persona. Por ello, ya sea por marketing personal, una pelea a muerte en contra de la soledad o por la razón que cada uno se invente, no es extraño encontrar perfiles con más de 500, 1.000 y más nombres de personas catalogadas como amigos.
Pero en la vida todo tiene un límite, hasta en Facebook. Después de 5.000 amigos está el abismo, el paso al vacío, a la nada. Es imposible sumar uno más, no hay 5.001. Un amigo debe morir, ser negado, escondido en el sótano de otro perfil. La compañía explica que es un problema tecnológico, que de abrir la puerta para la entrada de 5.001 el sistema colapsaría.
“Es mejor tener amigos que dinero”, reza la sabiduría de la calle. ¿Pero 5.000? En realidad, y de acuerdo con un propio estudio de Facebook, un usuario promedio tiene solo 120 amigos confirmados, así la cifra que aparezca en el perfil se multiplique. Incluso, la misma investigación diferencia entre el número de contactos y las personas con las que realmente se interactúa en las redes sociales.
Según Cameron Marlon, sicóloga e investigadora de Facebook, los hombres con promedio de 120 contactos sólo interactúan regularmente con 7 amigos, mientras las mujeres lo hacen con 10; y los hombres con 500 contactos se relacionan con 17 amigos, y las mujeres con 26.
En Twitter, que roza los 200 millones de usuarios, el fenómeno de contactos y amigos reales se repite. Un estudio publicado en el diario en línea First Monday y liderado por Bernardo A, Huberman, investigador de los laboratorios Hewlett – Packard, determinó que a pesar de que una persona tenga 1.000 contactos en Twitter, realmente sólo mantiene una comunicación regular con 30 de ellos. Para compararlo con el promedio en Facebook,  alguien con 120 contactos en Twitter tiene en realidad no más de 20 amigos.

Entre el bien y el mal
Mentir en sitios como Facebook y Twitter es tan frecuente como hacerlo en la vida presencial. Es tan común que, según datos de la firma de seguridad Symantec, el 24% de las redes sociales inventa otro nombre, el 17% engaña sobre su edad y el lugar de residencia, el 9% publica información falsa sobre sus relaciones personales o empresariales y el 7% finge sobre su apariencia.
En las redes sociales se presenta el debate moral entre el bien y el mal, de las mentiras piadosas, de las verdades a medias. Tal como existe en la vida presencial. No hay una desconexión entra la una y la otra. Los dos mundos coexisten con sus bondades y pecados porque ambos son alimentados por el ser humano.
Sin embargo, las redes sociales sí han ampliado las posibilidades en el juego donde cada quien elige qué mostrar al mundo, sea una vida auténtica o una farsa.
Para Hernando Salcedo, médico con maestría en sociología y doctorado en lingüística de la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales de París, lo que estos sitios han exacerbado es el afán por construir una imagen, diseñarla y editarla, para exponer aquello que las personas quieren ser y que no necesariamente son en realidad.
El poder de las redes sociales, resume Salcedo, es hacer público selectivamente aquello que queremos conservar en una imagen, sin exponernos del todo. En otras palabras, presentarnos felices, de paseo por el mundo, mostrando el nuevo apartamento sin obligatoriamente revelar las miserias personales. Por esto, exhibir las actividades en las que nos encontramos instante por instante, dice el experto, puede hacer parte de la proyección de las soledades no reconocidas de este mundo.
La razón es que las redes sociales, sumadas a las herramientas de chat, videoconferencia y demás, promueven relaciones impensables en los límites del espacio y tiempo tradicionales. También en otros casos alejan a las personas del mundo real y de sus actores. Pero, en cualquier lado de la balanza, desatan a través de Internet lazos que no existirían sin este medio.

¿Cuántos amigos puedes tener?
Esta es una de las preguntas más frecuentes que recibe la jefe de operaciones de Facebook, Cerril Sandberg. Así lo confesó en su perfil dentro de la red social.
Sandberg resaltó que mientras el usuario promedio de Facebook tiene 120 amigos confirmados, este número no es una camisa de fuerza porque deja por fuera a los diferentes tipos de relaciones que las personas tienen en sus vidas.
Facebook se ha convertido, en opinión del investigador Hernando Salcedo, en el mejor ejemplo para analizar la “venta” de lazos de amistad y de nuevos lazos sociales. El primer dato relevante es el de la cantidad sorprendente de usuarios. Ya Facebook se acerca a los 600 millones de usuarios activos. De ser un país, duplicaría en población a Estados Unidos y sería el tercero con más habitantes en el planeta detrás de China y de India.
Además su adicción es innegable: las personas gastan cerca de 700 millones de minutos al mes dentro de ella. “Este sistema reduce la amistad con los otros en un dato: tengo 3.000 amigos en Facebook”, apunta Salcedo, cifra que a menudo en los espacio y tiempos reales es inviable y que en el mundo virtual crea una fantasía, pues tampoco es verdadera. “Hay un espejismo con consecuencias prácticas: una nueva neurosis con la ilusión de alcanzar ese universo irreal de amigos, contactos y grupos”, concluye Salcedo.
fuente: http://www.latarde.com/septimo-dia/115-septimo-dia/40725-redes-sociales-poderes-de-dioses-en-manos-de-mortales.html